SIN AZUCAR
El pediatra Carlos Sierra hace una distinción clara entre las golosinas azucaradas, las chucherías saladas y las que pueden obstruir las vías respiratorias. En las primeras de ellas hace especial hincapié en los productos que se promocionan bajo la denominación “sin azúcar”, “ya que las sustancias sustitutivas de la misma son casi peores”. El sorbitol y el xylitol, tomadas en grandes cantidades, pueden provocar dolores abdominales y diarreas, debido a su efecto laxante.
Sierra cree que hay que prestar especial atención a la ingestión de gominolas por los más pequeños, “ya que al costarle trabajo masticarlas, pueden ingerirlas casi enteras y atragantárseles ”. Además, su textura pegajosa las hace poco recomendables si se quiere mantener una buena salud dental.
Por su parte, las patatas fritas forman parte de ese grupo de aperitivos con gran carga calórica que nada ayuda a mantener una dieta equilibrada, ya que una bolsa grande de las mismas proporciona un aporte calórico extraordinario que a la larga, si su consumo es habitual, puede crear malos hábitos nutricionales.
El jefe del servicio de Endocrinología del Hospital Carlos Haya de Málaga, Federico Soriguer, trasciende del plano puramente nutricional y reflexiona sobre el significado social de las chucherias, “que han pasado de ser eso, golosinas, entendiendo como tal a algo que se tomaba excepcionalmente, a ser objetos de consumo cotidianos y de los que con frecuencia se abusa”.
Esto está conllevando un cambio en los hábitos nutricionales, que unidos a un mayor sedentarismo, tiempo frente al televisor y prisas en general puede derivar en importantes enfermedades. Por eso, Soriguer achaca al frenético ritmo de vida parte de la culpa de esos malos hábitos, “pues para el niño desayune bien hay que dedicarle un tiempo del que los padres carecen; y si, además, queremos que aprecien las verduras y sean futuros seguidores de la dieta mediterránea, entonces también es necesario disciplina y constancia”.
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